jueves, 7 de diciembre de 2017

TDAH, ¿también en verano?

Cada vez que los padres acuden por primera vez al centro contándome todos los despistes que tiene su hijo en el colegio y lo movido que es en casa, recuerdo los síntomas nucleares que dan nombre al TDAH, Trastorno por Déficit Atencional con o sin Hiperactividad. Pero la verdad es que cada tarde con ellos lo olvido. Trabajar de forma individual con estos niños es una experiencia totalmente distinta a la que puedan tener padres o profesores, ya que me tienen por y para ellos en exclusiva durante un largo rato. Quizá por ello son capaces de trabajar sin que se les caiga algún boli de la mesa. Pero en lo que pienso realmente en esa primera visita es en lo mucho que va a cambiar el concepto que tienen los padres del niño.
Por supuesto, no voy a negar la evidencia; tienen dificultades atencionales y muchos de ellos trabajan de pie junto a la mesa casi durante la sesión. Pero lo que veo cada día son dificultades que limitan mucho más su vida diaria. Dificultades para organizarse, para planificar las tareas o estimar el tiempo que emplearán en ellas, para encontrar una razón para hacerlas (ahora o mañana). Dificultades para ver un problema de forma global, para contemplar las diferentes opciones que hay para resolverlo, anticipar las consecuencias de cada una de las opciones, compararlas y elegir la más efectiva…
Y al igual que tienen problemas por estas y otras dificultades que nosotros llamamos “ejecutivas” en el ámbito académico, el niño con TDAH suele tener problemas en su vida diaria, tanto personal, como familiar o social. El origen es el mismo. Por ello, el tratamiento debe centrarse en esas dificultades ejecutivas que ocasionan un mal funcionamiento en todas las áreas de su vida, tanto por implicación de lo cognitivo como de lo emocional. Lo importante no es poner una tirita ahora, sino darles las herramientas para que vayan creciendo y desarrollándose como personas completas. Se trata de reforzar sus puntos fuertes (los tienen, como todos), mostrarles sus dificultades y cómo aprender a solucionarlas, reforzar su autoconcepto y su autoestima… Demostrarles a ellos y a su entorno que pueden, que sólo necesitan una pequeña ayudita por parte de los profesionales. Prevenir el fracaso escolar, las dificultades sociales, los trastornos anímicos… que suelen llegar en la adolescencia.
Durante el curso les veo llegar cansados, después de un día de colegio frecuentemente salpicado de problemas con los compañeros y llamadas de atención del profesor porque no ha traído los deberes o ha dejado las tareas a las medias, lo que normalmente conlleva más trabajo para casa que el resto de compañeros. En fin, y encima sesión con la neuropsicóloga. Por eso es tan importante realizar una terapia lo más amena posible, a través de juegos o materiales que les resulten divertidos, que les llamen la atención y despierten su motivación para implicarse en el tratamiento.
Pero ahora llega el verano, las ansiadas vacaciones; un tiempo de libertad, sin horarios ni deberes (vamos, sin que todo el mundo nos diga lo que tenemos que hacer o lo mal que lo hemos hecho). Siempre, pero más en esta época, queremos que los niños vengan con ganas de mejorar su presente y su futuro. Por ello, en ISEP Clínic Alicante hemos desarrollado un campus de verano divertido, sin “tareas”, en el que aprenderemos a través del juego y la convivencia con niños que nos entienden y sienten lo mismo nosotros. Aprenderemos mucho mientras lo pasamos pipa, con actividades que engloban programas diarios de estimulación cognitiva, psicomotricidad, habilidades sociales, inteligencia emocional, técnicas de estudio y relajación… Todo lo que necesitan para reforzar su autoimagen, aprender herramientas y coger fuerzas para afrontar el futuro. Además, queremos ofrecer a los padres ideas sobre cómo aprovechar las vacaciones para seguir trabajando con sus hijos y cómo prepararlos para el inicio del curso escolar.

(Publicado en isepclinic.es/blog)

Screening en demencias

El diagnóstico de cualquier tipo de demencia es eminentemente clínico; es el neurólogo quien valora si hay o no deterioro cognitivo, en qué grado y de qué tipo. Sin embargo, son muchos los datos a tener en cuenta a la hora de diagnosticar un deterioro cognitivo leve (DCL) o una demencia. En primer lugar, una buena anamnesis nos ayuda a ver si existen posibles factores desencadenantes o coadyuvantes en  el proceso de deterioro cognitivo, como traumatismos craneoencefálicos previos o factores de riesgo cardiovascular (tabaquismo, diabetes, hipertensión, obesidad…).  Además, en la exploración neurológica se pueden evidenciar signos extrapiramidales, alteraciones oculomotoras o de la marcha, sintomatología parkinsoniana, etc., que pueden ayudar a filiar la causa del deterioro cognitivo.
Después vienen las pruebas: analítica específica, neuroimagen y punción lumbar. Con ellas veremos si hay algún déficit de vitaminas que pueda causar el deterioro cognitivo; si hay marcadores en el ADN; si hay signos de atrofia (reducción del tamaño del cerebro) o lesiones vasculares (pequeños infartitos); o si hay alteraciones del líquido cefalorraquídeo. Todas estas pruebas nos orientan hacia un origen u otro de deterioro cognitivo.
Luego viene las pruebas neuropsicológicas, que valoran tanto las funciones cognitivas (memoria, atención, razonamiento…) como los trastornos conductuales, la funcionalidad y el estado de ánimo del paciente.
En un primer momento se utilizan los llamados test de cribado, cuyas características básicas son la brevedad, simplicidad y facilidad tanto en la aplicación como en la evaluación, una corrección objetiva, directa e inequívoca, la aceptabilidad por parte de la población, la posibilidad de adaptación cultural y transculturalmente, la ecología y el bajo coste económico. ¿Por qué todo esto? Porque la evaluación debe adaptarse a toda la población que acude a nosotros (más o menos edad, nivel de estudios y capacidad motora), ser rápida, válida, fiable y económica.
Además, hay una serie de factores que afectan a esta evaluación, como la motivación del paciente, los déficits sensoriales (visión y audición) y motores (capacidad de andar o moverse) que presente, posibles trastornos emocionales asociados, situación personal, familiar y social… Por otro lado, las mismas variables influyen en la información que nos proporciona el acompañante (familiar, cuidador u otro), ya que en ocasiones no es real o fiable.
En fin, que son muchos los factores que influyen, pero también del buen evaluador, que valorará, a través de la observación en consulta, actitud, movimientos y mirada, apariencia, congruencia de resultados, procesos y resultados… para tener mayor flexibilidad en la generación y confirmación de hipótesis y en la sospecha diagnóstica del cuadro.
De todo ello se hablará en una conferencia el jueves 22 de enero en el Colegio Oficial de Psicólogos.
Además, un diagnóstico precoz del deterioro cognitivo es esencial encontrar su origen y poder tratarlo, tanto farmacológicamente como mediante otras terapias, entre las que destaca la estimulación cognitiva. Esta intervención trata de mantener las capacidades cognitivas y funcionales de la persona el mayor tiempo posible, permitiendo ralentizar el curso de la enfermedad en el caso de las demencias degenerativas, o mantener estas capacidades cognitivas y funcionales en otros casos no degenerativos, permitiendo a la persona y su entorno continuar con una vida autónoma y plena por más tiempo. La estimulación cognitiva, tanto en sesiones individuales como grupales en formato taller, con evaluaciones continuas y un seguimiento exhaustivo e individual de la persona, permite disminuir la repercusión de los síntomas, mejorando tanto la cognición, como el estado de ánimo y la autonomía. En estas sesiones se trabajan todas las capacidades cognitivas, incluyendo no sólo mejoras en memoria sino en atención, funciones ejecutivas (planificación, razonamiento, abstracción, control de la conducta…), lenguaje, funciones visuoespaciales… logrando una menor repercusión de los síntomas, una mejor funcionalidad en el día a día, una disminución de las alteraciones psicológicas asociadas (ansiedad, depresión…), mejoras en la autoestima y en la relación de la persona con su entorno.

(Publicado en isepclinic.es/blog)